
María Zhao Guozhi y sus hijas Rosa y María pertenecían a una familia católica del pueblo de Zhaojia, en el distrito de Wuqiao, en la provincia de Hebei, en el norte de China. María había quedado viuda y se dedicaba con esmero a la educación cristiana de sus hijas. Eran campesinas sencillas, como la mayoría de los fieles de aquellas comunidades rurales evangelizadas por los misioneros jesuitas.
En el verano de 1900 la revuelta de los bóxers, un movimiento que se oponía a la presencia extranjera y atacaba con especial violencia a los cristianos chinos, se extendió por Hebei y causó miles de muertos. Cuando los bóxers llegaron al pueblo, la madre y sus dos hijas intentaron esconderse, y según los relatos se arrojaron a un pozo para no caer en manos de sus perseguidores. Unos vecinos las sacaron de allí, pero fueron capturadas inmediatamente.
Los bóxers mataron a la madre y después propusieron repetidas veces a las dos jóvenes que renegaran de su fe para salvar la vida. Ellas se negaron y fueron asesinadas también. Las tres fueron beatificadas en 1955 y Juan Pablo II las canonizó en Roma el 1 de octubre de 2000, junto con otros 117 mártires de China, la mayoría de ellos laicos chinos muertos durante aquella persecución.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.