
Pedro Zhou Rixin era un joven cristiano de diecinueve años, natural de Lujiazhuang, un pueblo cercano a Yingxian, en la provincia china de Hebei. En el verano de 1900 estalló en el norte de China la rebelión de los bóxers, un movimiento que atacaba a los extranjeros y a los chinos convertidos al cristianismo, a quienes consideraban traidores a las tradiciones del país. Miles de católicos fueron asesinados en pocas semanas.
Pedro se había refugiado con muchos otros cristianos junto al jesuita francés Léon-Ignace Mangin, en la iglesia de Zhujiahe, donde los fieles intentaron resistir. Cuando los bóxers y las tropas que los apoyaban asaltaron el lugar, Pedro logró saltar por una ventana y escapar. Estuvo escondido varios días sin comer, hasta que fue descubierto por soldados. El oficial que lo detuvo le prometió salvar la vida si renegaba de su fe. El muchacho respondió que no podía negar al Dios creador del mundo, y fue decapitado en su pueblo natal pocos días después del 20 de julio de 1900.
Fue beatificado en 1955 junto con el padre Mangin y otros mártires de la región, y canonizado por Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000, entre los 120 mártires de China, grupo formado sobre todo por laicos chinos de todas las edades. Su memoria común se celebra el 9 de julio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.