Pablo fue un joven diácono de Córdoba que murió mártir en el año 851, en tiempos del emirato omeya de al-Ándalus. Lo que se sabe de él procede del Memorial de los santos de san Eulogio de Córdoba, sacerdote que fue testigo de aquellos años y que escribió para recordar a los mártires de la ciudad. Según Eulogio, Pablo pertenecía a una familia distinguida, se formó en la escuela de la iglesia de San Zoilo, de la que fue diácono.
A mediados del siglo IX, la comunidad cristiana de Córdoba, numerosa pero sometida a crecientes restricciones, vivió un periodo de tensión en el que varios cristianos fueron ejecutados por confesar públicamente su fe y criticar el islam, lo que la ley castigaba con la muerte. Pablo visitaba a los cristianos presos y les llevaba ayuda. Animado por el ejemplo de Sisenando, que acababa de morir mártir, se presentó ante las autoridades, confesó a Cristo como Dios y criticó la religión oficial.
Fue encarcelado y, según el relato de Eulogio, mientras estaba en prisión prometió a un sacerdote preso injustamente que rezaría por su liberación. Fue decapitado el 20 de julio de 851, y sus restos fueron recogidos por los cristianos y enterrados en la iglesia de San Zoilo. Es uno de los llamados mártires de Córdoba, venerados en la diócesis cordobesa, y su memoria se celebra el 20 de julio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.