
Frumencio fue el evangelizador del reino de Aksum, en el norte de la actual Etiopía, en el siglo IV. Su historia la recoge el historiador Rufino de Aquilea, que afirma haberla oído de Edesio, compañero de Frumencio. Según ese relato, Frumencio y Edesio eran dos jóvenes cristianos de Tiro que viajaban con su maestro, un filósofo llamado Meropio, por el mar Rojo. En una escala en la costa africana, la tripulación fue atacada y solo los dos muchachos sobrevivieron; fueron llevados a la corte del rey de Aksum.
Ganaron la confianza del monarca, que hizo a Edesio su copero y a Frumencio su secretario. A la muerte del rey, la reina les pidió que ayudaran en el gobierno durante la minoría de edad de su hijo, el futuro rey Ezana. Frumencio aprovechó su posición para apoyar a los mercaderes cristianos y facilitarles el culto. Cuando el príncipe alcanzó la mayoría de edad, Edesio regresó a Tiro y Frumencio fue a Alejandría para pedir al patriarca san Atanasio que enviara un obispo a Aksum. Atanasio lo consagró a él mismo como obispo.
De vuelta en Aksum, Frumencio bautizó al rey Ezana y extendió el cristianismo en el reino. La Iglesia etíope lo venera como su fundador con el nombre de Abba Salama, «padre de la paz», y Kesate Birhan, «revelador de la luz». Murió hacia el año 380.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.