Laudes
Los Laudes son la oración de la mañana de la Iglesia: con ellos consagramos a Dios el nuevo día y nos unimos a la alabanza de toda la Iglesia extendida por el mundo. Forman parte de la Liturgia de las Horas y cualquier bautizado puede rezarlos. Aquí tienes una guía sencilla para orar por la mañana; las partes que cambian cada día (himno, salmos, lectura y oración) puedes seguirlas en el texto completo de hoy.
Rezar los Laudes completos de hoy → También en: evangelizacion.org.mx
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1 Invocación inicial
Al ser la primera oración del día, los Laudes comienzan con este versículo, mientras trazas la señal de la cruz sobre tus labios:
Señor, abre mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Y se añade la alabanza a la Trinidad:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
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2 Himno
Se canta o se reza un himno propio del día o del tiempo litúrgico (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua…), que da el tono de alabanza a la oración. Encontrarás el himno de hoy en el texto completo enlazado arriba.
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3 Salmodia
Es el corazón orante de los Laudes: dos salmos y un cántico del Antiguo Testamento, cada uno con su antífona. Los salmos siguen un ciclo de cuatro semanas, así que cambian cada día. Rézalos con calma, saboreando las palabras como propias, y al terminar cada uno se dice el «Gloria al Padre…».
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4 Palabra de Dios
Se proclama una lectura breve de la Sagrada Escritura, seguida de un responsorio con el que respondemos a la Palabra escuchada. Haz después un momento de silencio para que la Palabra cale en el corazón.
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5 Cántico de Zacarías (Benedictus)
Es el momento culminante de los Laudes. Cada mañana se proclama este cántico de acción de gracias con el que Zacarías bendijo a Dios al nacer Juan el Bautista (Lucas 1, 68-79). Conviene decirlo de pie:
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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6 Preces y Padre Nuestro
Se elevan las preces de la mañana, consagrando el día a Dios y pidiendo por la Iglesia y el mundo; puedes añadir tus propias intenciones. Todas las súplicas se unen en la oración que nos enseñó Jesús:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
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7 Oración y conclusión
Se dice la oración conclusiva propia del día (la misma colecta de la misa) y se termina invocando la bendición del Señor:
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.
El himno, los salmos, las antífonas, la lectura y la oración cambian cada día según el calendario litúrgico. Puedes seguir el texto completo de hoy en liturgiadelashoras.info. Esta guía recoge las partes fijas de la oración; los textos propios de cada día pertenecen a la Liturgia de las Horas y se enlazan a su fuente.