Misa en casa
Cuando no puedes asistir a misa, puedes unirte a la oración de la Iglesia celebrando la Liturgia de la Palabra en casa. Busca un lugar tranquilo, enciende una vela si lo deseas y sigue estos pasos con calma.
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1 Prepara el corazón
Haz un momento de silencio y ponte en la presencia de Dios con la señal de la cruz:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Y pide al Espíritu Santo que abra tu corazón a la Palabra:
Ven, Espíritu Santo; llena mi corazón y enciende en él el fuego de tu amor. Ayúdame a escuchar hoy tu Palabra y a ponerla en práctica. Amén.
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2 Escucha la Palabra de Dios
Lee despacio, en voz alta si puedes, las lecturas de hoy. Al terminar cada lectura, haz una breve pausa de silencio.
sábado, 17 de octubre de 2026
Sábado de la 28a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: San Ignacio de Antioquía
Primera lectura
Carta de San Pablo a los Efesios 1,15-23.
Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos,
doy gracias sin cesar por ustedes recordándolos siempre en mis oraciones
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente.
Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos,
y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder
que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo,
elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia,
que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.Salmo responsorial
Salmo 8,2-3a.4-5.6-7.
¡Señor, nuestro Dios,
qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!
Tú, que afirmaste tu majestad sobre el cielo,
con la alabanza de los niños
y de los más pequeños,
Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y la estrellas que has creado:
¿Qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies.Evangelio
Evangelio según San Lucas 12,8-12.
Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.
Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir".Homilías de los papas
Elige un papa para leer su palabra sobre este evangelio (Lc 12,8-12).
Aún no hay un extracto seleccionado de León XIV para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de León XIV en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Francisco para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Francisco en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Benedicto XVI para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Benedicto XVI en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Juan Pablo II para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Juan Pablo II en vatican.va →Los extractos son citas breves; el texto íntegro es © Libreria Editrice Vaticana. Enlazamos a la fuente oficial en cada caso.
Fuente: Evangelizo.org
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3 Medita
Guarda unos minutos de silencio. Puedes ayudarte con la reflexión del día y con las homilías de los papas (más arriba). Pregúntate: ¿qué me dice hoy el Señor con esta Palabra? ¿A qué me invita?
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4 Profesa la fe
Reza el Credo de los Apóstoles:
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
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5 Ora e intercede
Presenta a Dios tus intenciones: por la Iglesia, por el mundo, por los enfermos, por tus seres queridos y por tus propias necesidades. Une todas tus peticiones a la oración que nos enseñó Jesús:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
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6 Comunión espiritual
Al no poder recibir la Eucaristía, puedes hacer una comunión espiritual con esta oración de san Alfonso María de Ligorio:
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentado, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. No permitas, Señor, que jamás me aparte de Ti. Amén.
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7 Da gracias y ve en paz
Termina dando gracias a Dios y pidiendo su bendición sobre tu día:
Te doy gracias, Señor, por tu Palabra que hoy ha alimentado mi fe. Que el Señor todopoderoso y misericordioso me bendiga y me guarde: en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Esta guía no sustituye la participación en la Santa Misa, a la que conviene volver siempre que sea posible; es una ayuda para orar con la Palabra del día cuando no puedes asistir.