Alicia, también llamada Aleidis o Aleide, nació a comienzos del siglo XIII en Schaerbeek, hoy un municipio de Bruselas, en Bélgica. Desde los siete años vivió con las monjas cistercienses del monasterio de La Cambre, situado en el bosque del mismo nombre en las afueras de la ciudad, y más tarde profesó en esa comunidad. Su vida fue escrita poco después de su muerte, probablemente por un monje cisterciense que la conoció.
Hacia los veintidós años contrajo la lepra y tuvo que vivir apartada de sus hermanas, en una pequeña celda, para evitar el contagio. La enfermedad avanzó hasta dejarla paralizada y ciega. Lejos de rebelarse, Alicia vivió el aislamiento como una ocasión para unirse a la pasión de Cristo, y su consuelo principal fue la eucaristía. Su biógrafo relata experiencias místicas y una gran paz interior en medio del sufrimiento, y recuerda que, cuando casi todo su cuerpo estaba consumido, todavía podía cantar las alabanzas de Dios.
Murió el 11 de junio de 1250. Su culto fue confirmado por el papa san Pío X en 1907. Es venerada como patrona de los ciegos y de los paralíticos, y su memoria se mantiene en Bélgica, especialmente en Bruselas, donde la antigua abadía de La Cambre se conserva como monumento. Su figura representa la espiritualidad cisterciense femenina del siglo XIII en los Países Bajos.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.