San Cristóbal es uno de los santos más populares de la Iglesia, aunque se sabe muy poco con certeza sobre él. Fue probablemente un mártir de Licia, en Asia Menor, muerto hacia mediados del siglo III, durante la persecución del emperador Decio. Ya en el siglo V existía una iglesia dedicada a él en Calcedonia, lo que muestra la antigüedad de su culto.
Sobre esta base histórica tan escasa se desarrolló en la Edad Media una leyenda muy difundida, recogida en la Leyenda dorada. Según ella, Cristóbal era un hombre de enorme estatura y fuerza que quería servir al señor más poderoso del mundo. Buscó primero a un rey y luego al demonio, hasta que un ermitaño le habló de Cristo y le aconsejó servirle ayudando a los viajeros a cruzar un río peligroso. Una noche llevó sobre sus hombros a un niño que se volvía cada vez más pesado; al llegar a la otra orilla, el niño le reveló que era Cristo y que había cargado con el peso del mundo y de su Creador. De ahí su nombre, que significa «el que lleva a Cristo».
Por esta leyenda se le representa como un gigante que cruza el agua con el Niño a cuestas. Es patrono de los viajeros, de los conductores, de los transportistas y de los barqueros, y en muchos lugares su fiesta va acompañada de la bendición de vehículos. Su culto se mantiene vivo en toda Europa y en América Latina.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.