
Juan de La Lande nació en Dieppe, en Normandía, Francia, en una fecha que se desconoce. Fue un donado de los jesuitas: un laico que, sin ser religioso, se comprometía a servir gratuitamente a la misión a cambio del sustento, compartiendo la vida y los peligros de los misioneros. En esa condición viajó a Nueva Francia, la colonia francesa del actual Canadá, para colaborar en la evangelización de los pueblos indígenas.
En septiembre de 1646 partió de Trois-Rivières con el sacerdote jesuita san Isaac Jogues, que se dirigía al país de los mohawks, uno de los pueblos de la confederación iroquesa, en el actual estado de Nueva York, para intentar consolidar una paz recién firmada. Juan conocía los riesgos: Jogues ya había sido prisionero de los iroqueses años antes. Al llegar a la aldea de Ossernenon, la actual Auriesville, encontraron un ambiente hostil, pues parte de la población atribuía a los franceses una epidemia y la pérdida de las cosechas. Ambos fueron capturados. Jogues fue asesinado el 18 de octubre de 1646, y al día siguiente, el 19, cuando Juan intentó recuperar el cuerpo de su compañero, también fue muerto a golpes.
Forma parte de los ocho mártires de Norteamérica, con Juan de Brébeuf, Isaac Jogues y otros jesuitas, canonizados por Pío XI el 29 de junio de 1930. Se les venera en el santuario de Auriesville, en Estados Unidos, y en el de Midland, en Canadá.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.