
Joel es uno de los doce profetas llamados menores del Antiguo Testamento. Del autor solo se sabe lo que dice el comienzo de su libro: que era hijo de Petuel. No hay acuerdo sobre la época en que vivió, aunque muchos estudiosos lo sitúan después del destierro de Babilonia, cuando el templo de Jerusalén ya había sido reconstruido.
Su libro es breve. Parte de una terrible plaga de langostas y de una sequía que asolaban el país, y las interpreta como una llamada a la conversión: invita a sacerdotes y pueblo a ayunar, a llorar y a volver a Dios «rasgando el corazón y no los vestidos», palabras que la liturgia proclama el Miércoles de Ceniza. Anuncia después el «día del Señor», un tiempo de juicio y de salvación, y promete que Dios derramará su Espíritu sobre toda persona, de modo que jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, profetizarán.
En el día de Pentecostés, según el libro de los Hechos de los Apóstoles, san Pedro citó esa profecía para explicar lo que estaba sucediendo con la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos. Por eso la Iglesia ve en Joel un anunciador de Pentecostés y lo conmemora como santo del Antiguo Testamento.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.