
Este grupo de mártires murió en Nagasaki el 8 de septiembre de 1628, durante la persecución contra los cristianos desatada en Japón por el shogunato Tokugawa. Los encabezan dos religiosos españoles: el franciscano Antonio de San Buenaventura, nacido en Tui, en Galicia, y el dominico catalán Domingo Castellet, natural de Esparreguera, ambos misioneros que habían permanecido en el país en la clandestinidad tras la expulsión de los sacerdotes extranjeros decretada en 1614.
Con ellos murieron religiosos japoneses de ambas órdenes y numerosos laicos, muchos de ellos terciarios franciscanos o dominicos y miembros de cofradías, que habían dado alojamiento a los misioneros o se habían negado a renunciar a su fe. Entre ellos había familias enteras, con padres e hijos. Siguiendo la práctica de las autoridades, los religiosos y quienes los habían acogido fueron quemados vivos a fuego lento, mientras que otros fueron decapitados.
La persecución japonesa fue una de las más largas y sistemáticas de la historia de la Iglesia: duró décadas y obligó a los cristianos supervivientes a mantener su fe en secreto durante más de dos siglos. Pío IX beatificó a estos mártires en 1867, dentro del grupo de 205 mártires de Japón que murieron entre 1617 y 1632. Son recordados especialmente por las órdenes franciscana y dominicana y por la Iglesia de Nagasaki.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.