
Bajo el título de mártires del Ponto, la Iglesia recuerda a numerosos cristianos anónimos que murieron en esa región del norte de Asia Menor, a orillas del mar Negro, durante la gran persecución de comienzos del siglo IV, en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano y sus sucesores en Oriente. No se conocen sus nombres ni los detalles de cada caso.
La principal fuente sobre ellos es la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesarea, contemporáneo de aquellos hechos, que dedica un pasaje a describir los sufrimientos de los cristianos del Ponto. Eusebio relata que algunos fueron torturados con cañas afiladas clavadas bajo las uñas, otros con plomo fundido y otros con tormentos tan crueles que, según dice, no se pueden describir. Su testimonio se inscribe en una persecución que, en las provincias orientales, se prolongó durante varios años y fue especialmente dura.
Esta conmemoración no aparece en los martirologios más antiguos. Fue introducida por el cardenal César Baronio cuando redactó el Martirologio Romano a finales del siglo XVI, basándose en el texto de Eusebio, y se ha conservado en la edición actual. Su memoria se celebra el 5 de febrero y sirve para recordar a tantos mártires de los primeros siglos cuyos nombres no han llegado hasta nosotros, pero cuya fidelidad quedó registrada en la historia de la Iglesia.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.