Albuino fue obispo en el Tirol entre finales del siglo X y comienzos del XI. Procedía de la noble familia de los Aribónidas, de Carintia, emparentada con la dinastía imperial, y su madre se llamaba Hildegarda. Hacia el año 975 fue nombrado obispo de Säben (Sabiona), una antigua sede episcopal situada sobre un peñasco en el valle del Isarco, en el actual Tirol del Sur italiano.
Su decisión más importante fue trasladar la sede de la diócesis desde Säben a Brixen, en italiano Bressanone, una localidad del valle que estaba creciendo y ofrecía mejores condiciones para el gobierno de la Iglesia. El traslado, realizado hacia el año 990, marcó la historia de la región: Brixen fue durante siglos sede episcopal y centro de un importante principado eclesiástico. Albuino fue también consejero de los emperadores otonianos, que lo recompensaron con donaciones de tierras para su iglesia, lo que reforzó el papel de la diócesis en las rutas alpinas entre Alemania e Italia.
Murió en 1006. Ya en el siglo XI se le veneraba como santo, y en el XII sus restos fueron depositados en la catedral de Brixen. Es copatrono, junto con san Ingenuino, primer obispo de Säben, de la actual diócesis de Bolzano-Bressanone. No debe confundirse esta ciudad con la localidad austriaca de Brixen im Thale.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.