
Francisca Mézière nació el 25 de agosto de 1745 en Mézangers, en el oeste de Francia, en una familia campesina numerosa. Quedó huérfana de madre siendo niña y fue educada por las Hermanas de la Caridad de Évron. Sin llegar a profesar como religiosa, dedicó su vida a lo mismo que ellas: enseñaba en las escuelas parroquiales, sobre todo en Saint-Léger, cerca de Laval, y atendía a los enfermos pobres.
Con la Revolución Francesa, las autoridades exigieron a maestros y enfermeros juramentos de fidelidad al nuevo régimen que, en la práctica, implicaban apartarse de la Iglesia unida a Roma. Francisca se negó a jurar en 1791 y tuvo que dejar la escuela; volvió a negarse en 1792, cuando le pidieron el juramento como enfermera. Desde entonces siguió cuidando enfermos con discreción en los pueblos de la comarca, a pesar del riesgo creciente.
Fue arrestada acusada de haber atendido a dos soldados heridos del ejército realista de la Vendée. Juzgada en Laval durante el Terror, fue condenada a muerte y guillotinada en esa ciudad el 5 de febrero de 1794. Según los testimonios, agradeció la sentencia como ocasión de unirse a Cristo. Fue beatificada por Pío XII el 19 de junio de 1955, junto con otros mártires de Laval de la misma época. Se la recuerda como una laica que vivió su fe en el servicio diario a niños y enfermos.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.