
Marcela nació hacia el año 325 en una familia de la alta aristocracia romana. Se casó joven, pero su marido murió a los siete meses de matrimonio. Rechazó un nuevo y ventajoso enlace con el excónsul Cerealis y decidió consagrarse a Dios siguiendo el ejemplo de los monjes de Oriente, cuya vida había conocido a través de los relatos sobre san Antonio. En su palacio del monte Aventino organizó una vida de oración, estudio de la Biblia, austeridad y caridad, y otras mujeres nobles se unieron a ella. Fue así una de las iniciadoras de la vida ascética femenina en Roma.
Cuando san Jerónimo vivió en Roma, entre 382 y 385, Marcela se convirtió en una de sus discípulas más destacadas. Lo consultaba sobre pasajes difíciles de la Escritura y discutía con él sus respuestas; se conservan varias cartas que él le escribió. Tras la partida de Jerónimo a Belén, otros acudían a ella para resolver dudas bíblicas. Vendió buena parte de sus bienes en favor de los pobres y llevó una vida cada vez más sencilla.
En el año 410, durante el saqueo de Roma por los godos de Alarico, los invasores entraron en su casa y la golpearon para que revelara dónde estaban sus riquezas, que ya había repartido. Llevada con su discípula Principia a la basílica de San Pablo, murió pocos días después. San Jerónimo escribió su elogio en una carta.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.