
San Ciro y san Juan son dos mártires egipcios muy venerados en las Iglesias de Oriente, que los cuentan entre los santos «anárgiros», es decir, los que curaban sin cobrar. Murieron probablemente a comienzos del siglo IV, en la persecución del emperador Diocleciano.
Según la tradición, Ciro era un médico de Alejandría que aprovechaba su oficio para atender gratuitamente a los pobres y hablarles de la fe cristiana. Al llegar la persecución, se retiró al desierto, cerca del golfo de Arabia, donde llevó vida de ermitaño. Juan, a quien las fuentes presentan como un soldado procedente de Edesa o de Arabia, se unió a él. Al saber que una mujer cristiana llamada Atanasia y sus tres hijas habían sido arrestadas en Canopo, cerca de Alejandría, ambos acudieron a animarlas. Fueron detenidos, torturados y finalmente decapitados, junto con las cuatro mujeres.
En el siglo V, san Cirilo de Alejandría trasladó sus reliquias a Menuthis, junto a Canopo, para que su santuario sustituyera un antiguo lugar de culto pagano dedicado a la diosa Isis. El santuario se convirtió en un gran centro de peregrinación de enfermos; el patriarca san Sofronio de Jerusalén, que se curó allí, escribió un relato de sus milagros. El nombre de la actual Abukir, en Egipto, recuerda el de san Ciro, y en Roma se les dedicó una iglesia junto a la vía Portuense.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.