San Eusebio fue un monje de origen irlandés que vivió en el siglo IX. A pesar de su nombre griego, todo indica que era uno de los muchos irlandeses que dejaban su patria para hacerse peregrinos por Cristo, siguiendo la tradición de los monjes que, desde san Columbano y san Galo, habían evangelizado y fundado monasterios en el continente.
Ingresó en la célebre abadía de San Galo, en la actual Suiza, uno de los grandes centros de cultura de la época. Con el permiso de sus superiores, dejó la comunidad para vivir como ermitaño en el monte de San Víctor, llamado Viktorsberg, cerca de Rankweil, en la región de Vorarlberg, en la actual Austria. Según la tradición, permaneció allí unos treinta años, dedicado a la oración y la penitencia. En esa misma época, el emperador Carlos el Gordo favoreció la fundación en el lugar de un pequeño monasterio para monjes irlandeses.
La tradición cuenta que Eusebio murió de manera violenta, a manos de unos campesinos de la zona a los que había reprendido por su conducta, en la segunda mitad del siglo IX. Por esa muerte fue venerado durante siglos como mártir, aunque el Martirologio Romano actual lo recuerda como monje eremita. La leyenda medieval añadió que caminó llevando su propia cabeza, motivo frecuente en las historias de santos de la época. Se le recuerda especialmente en Vorarlberg.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.