
Santa Felicidad es una mártir romana enterrada en el cementerio de Máximo, en la vía Salaria Nueva, cuyo culto está atestiguado desde la Antigüedad. Probablemente murió en el siglo II. Sobre su tumba se levantó una basílica, y en ella predicó el papa san Gregorio Magno una de sus homilías, en la que la presentó como modelo de madre cristiana.
Una antigua narración, cuya historicidad es dudosa, la une a otros siete mártires romanos, celebrados el 10 de julio, que la tradición considera sus hijos. Según ese relato, Felicidad era una viuda noble y cristiana que, con su ejemplo, atraía a muchos a la fe. Los sacerdotes paganos la denunciaron, y en tiempos del emperador Antonino Pío fue llevada con sus siete hijos ante el prefecto de Roma, que intentó convencerlos de sacrificar a los dioses. La madre animó a sus hijos a permanecer firmes, y todos murieron mártires antes que ella. Los estudiosos señalan que los siete mártires estaban enterrados en cementerios distintos, y que el relato pudo inspirarse en la historia bíblica de la madre de los Macabeos.
En cualquier caso, la memoria de Felicidad y la de los siete mártires quedaron unidas en el arte y en la devoción. La Iglesia la recuerda el 23 de noviembre, y se la invoca tradicionalmente por los hijos y las familias.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.