Estercacio y Antinógenes, mártires. Los tres, naturales de Mérida, Badajoz, y convertidos a la fe por el obispo de dicha ciudad. Víctor era militar y se le encargó de custodiar a unos cristianos que, condenados al suplicio, dejóles él huir y se presentó al prefecto confesándose él cristiano y pronto a morir en su lugar. En efecto, el magistrado le mandó decapitar. 303.
Fuente de la biografía: Evangelizo.org.