
San Marciano fue un sacerdote de Constantinopla del siglo V, recordado por su generosidad con los pobres y por la construcción y restauración de iglesias en la capital del Imperio bizantino. Nació en la ciudad en una familia acomodada, emparentada según su biografía con la casa del emperador Teodosio, y desde joven llevó una vida austera y entregada a la oración, repartiendo en secreto grandes sumas entre los necesitados.
Hacia el año 455 el patriarca Anatolio lo ordenó sacerdote, a pesar de sus resistencias. Su forma de vida rigurosa despertó críticas entre algunos clérigos, que llegaron a acusarlo de simpatizar con los novacianos, un grupo cismático conocido por su severidad, pero con el tiempo su mansedumbre y su rectitud acallaron las sospechas. El patriarca Genadio lo nombró ecónomo de la Iglesia de Constantinopla, cargo de gran responsabilidad que suponía administrar los bienes eclesiásticos, y él lo ejerció con honradez y sentido social.
Durante su gestión reconstruyó y embelleció numerosas iglesias de la ciudad, entre ellas la de la Anástasis, y destinó muchos recursos a la ayuda a los pobres y enfermos. Se le atribuyeron numerosos milagros en vida y después de su muerte. Murió hacia el año 471. Es venerado tanto en la Iglesia latina como en las Iglesias orientales, y su memoria se celebra el 10 de enero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.