
Atenógenes fue un clérigo de Sebaste, en la antigua Armenia Menor, hoy Sivas, en Turquía, que murió mártir hacia comienzos del siglo IV, probablemente en la persecución de Diocleciano. El Martirologio lo llama corepíscopo, título que en la Iglesia antigua se daba a los auxiliares del obispo encargados de las comunidades rurales; la tradición lo ha venerado como obispo.
Su memoria está bien atestiguada por los martirologios antiguos, tanto el siríaco como el llamado jeronimiano. Según la tradición, murió quemado vivo por su fe, y antes de morir dejó a sus discípulos un himno en honor de Dios. Ese himno es mencionado por san Basilio Magno, obispo de Cesarea de Capadocia, en su tratado sobre el Espíritu Santo, escrito en el siglo IV: Basilio lo cita como testimonio de que los cristianos de generaciones anteriores ya confesaban la divinidad del Espíritu Santo, en un momento en que esa doctrina era discutida. El texto exacto del himno no se ha conservado con seguridad, aunque algunos estudiosos han propuesto identificarlo con antiguos himnos litúrgicos griegos.
Las tradiciones posteriores añadieron a su figura diversos compañeros y episodios legendarios. Su culto fue importante en Capadocia y Armenia, y el Martirologio Romano lo recuerda el 16 de julio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.