
Andrés de Soveral fue un sacerdote misionero del nordeste de Brasil, asesinado en 1645 junto con un grupo de fieles en Cunhaú, en el actual estado de Río Grande del Norte. Es el primero de los llamados mártires de Cunhaú y Uruaçu, víctimas de la violencia que acompañó la ocupación holandesa de esa región en el siglo XVII.
La zona, colonizada por los portugueses desde finales del siglo XVI, quedó desde 1633 bajo dominio de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, de confesión calvinista. En medio del conflicto entre ambas potencias, la población católica sufrió persecución. El 16 de julio de 1645, un domingo, mientras el padre Andrés celebraba la misa en la capilla del ingenio azucarero de Cunhaú, la iglesia fue cercada por soldados al servicio de los holandeses y por indígenas aliados suyos, que dieron muerte al sacerdote y a los fieles reunidos. Entre ellos estaba el laico Domingo Carvalho, recordado junto a él. Pocos meses después, en octubre, se produjo una segunda matanza en Uruaçu.
Juan Pablo II beatificó a los mártires de ambos episodios en el año 2000, y el papa Francisco los canonizó el 15 de octubre de 2017, encabezados por Andrés de Soveral y Ambrosio Francisco Ferro. Son venerados especialmente en Natal y en todo Río Grande del Norte, donde su memoria forma parte de la identidad católica local.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.