
San Aniano, conocido en Francia como saint Aignan, fue obispo de Orleans en el siglo V. Según la tradición era natural de Vienne, en la Galia, y había vivido como ermitaño antes de trasladarse a Orleans, atraído por la fama del obispo san Evurcio, al que sucedió en la sede.
Su nombre quedó unido a uno de los episodios más dramáticos de la historia de la Galia. En el año 451, el ejército de Atila, rey de los hunos, puso sitio a Orleans. Aniano, que ya había viajado para pedir ayuda al general romano Aecio, sostuvo el ánimo de los habitantes, los exhortó a la oración y negoció con los sitiadores mientras esperaba el socorro. La ciudad resistió hasta la llegada de las tropas romanas y visigodas, que obligaron a Atila a retirarse; poco después fue derrotado en los Campos Cataláunicos. La tradición atribuyó la salvación de Orleans a la intercesión de su obispo.
Murió hacia el año 453. Fue sepultado en Orleans, donde la iglesia colegial de Saint-Aignan guarda su memoria, y es uno de los patronos de la ciudad. Se le recuerda el 17 de noviembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.