San Acisclo es, junto con san Zoilo, el mártir más venerado de la antigua Córdoba romana. La fecha de su martirio no se conoce con certeza; suele situarse a comienzos del siglo IV, durante la persecución de Diocleciano, aunque no se conserva ningún relato fiable de su muerte.
Su existencia y la antigüedad de su culto están bien atestiguadas: lo menciona el poeta Prudencio a finales del siglo IV entre los mártires que honran a Córdoba, aparece en antiguos martirologios y en inscripciones de la época visigoda que se refieren a sus reliquias. Una tradición posterior, recogida siglos después, le añade una hermana, santa Victoria, que habría muerto con él, y cuenta que una mujer cristiana dio sepultura a ambos. El martirologio actual, sin embargo, lo recuerda a él solo.
En Córdoba existió durante siglos una basílica dedicada a san Acisclo, que tuvo gran importancia para los cristianos de la ciudad bajo el dominio musulmán. Es patrono de Córdoba, junto con santa Victoria, y su culto se extendió por la península ibérica y el sur de Francia. Su fiesta se celebra el 17 de noviembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.