
Bartolomé Buonpedoni, llamado familiarmente Bartolo, nació en Mucchio, cerca de San Gimignano, en la Toscana (Italia), en el siglo XIII. Su padre quería para él una carrera y un buen matrimonio, pero el joven prefirió servir en la abadía benedictina de San Vito de Pisa, donde trabajó como enfermero. Aunque los monjes le propusieron tomar el hábito, no se sintió llamado a la vida monástica. Hacia los treinta años fue ordenado sacerdote y se le confió la parroquia de Peccioli. Vivía según el espíritu franciscano, como miembro de la Tercera Orden.
Hacia 1280 contrajo la lepra, enfermedad que entonces obligaba a apartarse de la vida común. Acompañado por un joven discípulo, Vivaldo, que más tarde sería venerado también como beato, se retiró al leprosario de Cellole, cerca de San Gimignano, del que fue capellán. Durante cerca de veinte años soportó la enfermedad con una paciencia que impresionó a sus contemporáneos; según los testimonios, no dejó de celebrar la misa y de atender a los demás enfermos.
Murió el 12 de diciembre de 1300 y fue sepultado en la iglesia de San Agustín de San Gimignano, donde aún se conservan sus restos en una capilla que le está dedicada. Los habitantes de la ciudad le llaman cariñosamente «el Job de la Toscana» y lo consideran uno de sus patronos. Su culto fue confirmado por la Santa Sede en el siglo XX.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.