
Proceso y Martiniano son dos mártires romanos venerados al menos desde el siglo IV, cuando ya se les rendía culto en su sepulcro de la Vía Aurelia, a las afueras de Roma. Sobre esa tumba se levantó una basílica, y en el siglo VI el papa san Gregorio Magno predicó allí una homilía en el día de su fiesta. Sin embargo, no se conoce nada seguro sobre su vida ni sobre las circunstancias de su martirio.
Una leyenda del siglo VI, sin base histórica, los presenta como los soldados que custodiaban a san Pedro y san Pablo en la cárcel Mamertina de Roma. Según ese relato, fueron convertidos por los apóstoles junto con otros presos, y para bautizarlos brotó milagrosamente una fuente en la roca de la prisión. Después habrían ofrecido a los apóstoles la libertad, por lo que fueron torturados y decapitados por orden del jefe de la cárcel. Los estudiosos han mostrado que esta tradición surgió mucho después de que comenzara su culto.
Lo que sí es cierto es la antigüedad y la importancia de su veneración en Roma. En el siglo IX el papa Pascual I trasladó sus reliquias a la basílica de San Pedro del Vaticano, donde reposan bajo un altar que les está dedicado en el brazo derecho del crucero. Su fiesta se celebra el 2 de julio, y su nombre figura desde antiguo en los sacramentarios y martirologios de la Iglesia romana.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.