Liberato era abad de un monasterio cercano a Capsa, la actual Gafsa, en el sur de Túnez, a finales del siglo V. En aquella época el norte de África estaba dominado por los vándalos, un pueblo germánico que profesaba el arrianismo, una doctrina que negaba la plena divinidad de Cristo. El rey Hunerico desató en los años 483 y 484 una dura persecución contra los católicos: desterró a cientos de obispos, cerró iglesias y presionó a clérigos y monjes para que aceptaran ser bautizados de nuevo según el rito arriano.
Liberato fue detenido junto con varios miembros de su comunidad: el diácono Bonifacio, los subdiáconos Servo y Rústico, los monjes Rogato y Séptimo, y un muchacho llamado Máximo, que se educaba en el monasterio. Los llevaron a Cartago, la capital del reino, donde fueron encarcelados y presionados para que renegaran de la fe católica. Se les ofreció la libertad e incluso honores, pero se negaron a aceptar el bautismo arriano. Según el relato, los perseguidores intentaron separar al joven Máximo de los demás, pero él se negó a abandonarlos.
Condenados a morir en la hoguera, fueron atados sobre una barca cargada de leña, pero el fuego no prendió, y finalmente los mataron a golpes de remo. Sus cuerpos fueron arrojados al mar y, al llegar a la orilla, los cristianos les dieron sepultura en un monasterio de Cartago. Su historia se conserva en un relato antiguo vinculado a la obra de Víctor de Vita. La Iglesia los recuerda el 2 de julio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.