
Juliana nació hacia 1192 en Retinne, cerca de Lieja, en la actual Bélgica. Quedó huérfana muy pequeña y fue confiada, con su hermana, a las religiosas agustinas que atendían el leprosario de Mont-Cornillon, junto a Lieja. Allí creció, profesó como religiosa y llegó a ser priora de la comunidad. Tenía una intensa vida de oración y una profunda devoción a la Eucaristía, en una época en que crecía en Europa el deseo de contemplar y adorar la presencia de Cristo en el sacramento.
Desde joven tuvo una visión que interpretó como la petición de que se instituyera una fiesta litúrgica en honor del Santísimo Sacramento. Tras años de silencio, compartió su inquietud con teólogos y clérigos de Lieja, entre ellos el archidiácono Jacobo Pantaleón, y con el obispo, que en 1246 estableció la fiesta del Corpus Christi en la diócesis. Su empeño le acarreó, sin embargo, fuertes oposiciones: fue expulsada de su convento en varias ocasiones y tuvo que vivir sus últimos años refugiada en otras comunidades.
Murió el 5 de abril de 1258 en Fosses-la-Ville, cerca de Namur. Pocos años después, en 1264, aquel archidiácono de Lieja, convertido en el papa Urbano IV, extendió la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia. El culto de Juliana fue confirmado por Pío IX en 1869. Se la recuerda como la gran promotora de esta fiesta eucarística.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.