Juliana fue una viuda cristiana que vivió en el norte de Italia a finales del siglo IV y comienzos del V. Casi todo lo que se sabe de ella procede de san Ambrosio, obispo de Milán, que la elogió en un sermón sobre la virginidad, pronunciado, según los estudiosos, en Florencia, con ocasión de la dedicación de una basílica que ella había hecho construir.
Según ese testimonio, Juliana quedó viuda pronto y crió sola a sus hijos, a los que educó en la fe con tanto acierto que todos se consagraron a Dios: el hijo entró en el clero, y sus hijas eligieron la vida de vírgenes consagradas. Ambrosio la presenta como modelo de madre cristiana y de viuda que vive su estado con generosidad y dedicación a Dios. La tradición posterior añade otros detalles sobre su familia que no pueden comprobarse.
Probablemente murió a comienzos del siglo V, a edad avanzada. Sus restos se veneran en Bolonia, en el antiguo conjunto de iglesias de San Esteban, donde su culto se extendió mucho durante la Edad Media, y donde un papa del siglo XII concedió indulgencias a quienes visitaran su altar. Es un ejemplo de santidad vivida en la vida familiar, sin cargos ni hechos extraordinarios.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.