
Santa Felicita fue una mártir romana del siglo II, venerada en la tradición como madre de siete hijos que murieron también por la fe. Su culto es muy antiguo en Roma, y el papa san Gregorio Magno le dedicó una homilía en la que la presenta como una madre que sufrió en sus hijos y en sí misma, con un valor comparable al de la madre de los Macabeos.
Según su relato de martirio, Felicita era una viuda noble y cristiana que vivía en Roma en tiempos del emperador Antonino Pío o de Marco Aurelio. Fue denunciada junto con sus siete hijos, Jenaro, Félix, Felipe, Silvano, Alejandro, Vital y Marcial. El prefecto intentó por separado que cada uno renegara de su fe, pero todos se negaron, animados por su madre, y fueron ejecutados de diversas maneras. Felicita habría muerto poco después. Los historiadores señalan que los siete mártires, aunque auténticos, fueron sepultados en distintos cementerios de Roma y es posible que la tradición los haya agrupado más tarde como hermanos.
Lo seguro es que los siete mártires recordados el 10 de julio eran venerados desde muy antiguo en las catacumbas romanas, y que Felicita fue sepultada en el cementerio de Máximo, en la vía Salaria, donde se levantó un oratorio en su honor. Actualmente la Iglesia celebra a santa Felicita el 23 de noviembre y recuerda a los siete hermanos mártires el 10 de julio. Su figura se ha propuesto como ejemplo de fe transmitida en el seno de la familia.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.