
Santa Amelberga, o Amalberga, fue una virgen consagrada que vivió en Flandes en el siglo VIII. Se sabe muy poco con certeza sobre ella, porque su vida latina medieval está llena de elementos novelescos. Según el dato más fiable, recibió el velo de las vírgenes consagradas de manos de san Wilibrordo, el gran misionero de los Países Bajos, y es probable que viviera en el monasterio de Munsterbilzen, en la actual Bélgica.
La leyenda cuenta que era una joven de gran belleza y que el rey Pipino quiso casarla con su hijo Carlos, el futuro Carlomagno, pero ella se negó porque había consagrado su vida a Dios. Para huir de él cruzó el río Escalda, según el relato, sobre el lomo de un gran pez, por lo que se la representa a veces con un esturión. Los historiadores consideran esos episodios fruto de la imaginación.
Fue enterrada en Temse, en Flandes, donde se desarrolló su culto. En 1073 sus reliquias fueron trasladadas a la abadía de San Pedro de Gante. Es muy venerada en Flandes, y en Temse se la considera patrona de la localidad. A menudo se la confunde con otra santa Amalberga, madre de santa Gúdula, que vivió en la misma región en el siglo VII.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.