San Pafnucio, obispo y solitario, discípulo de San Antonio; dejó la soledad para ocupar una sede episcopal en Tebaida.
Fue uno de aquellos confesores de la fe que, en tiempo de Maximiano, después de arrancarles un ojo, se les condenó a trabajar en las minas.
Asistió al Concilio de Nicea, y el emperador Constantino se complacía en tratarle y besar el lugar donde había estado aquel ojo, arrancado por la fe de Jesucristo. Murió en paz en 337.
Fuente de la biografía: Evangelizo.org.