Moderano fue obispo de Rennes, en Bretaña, a comienzos del siglo VIII. Hacia el año 720, ya mayor, dejó su sede para emprender una peregrinación a Roma, a la tumba de san Pedro. Según la tradición, al pasar por Reims obtuvo unas reliquias de san Remigio, el obispo que había bautizado al rey franco Clodoveo, y las llevó consigo en el viaje.
La tradición cuenta que, al cruzar los Apeninos por el paso de la Cisa, en el camino que unía el norte de Italia con la Toscana, se detuvo a descansar y colgó el relicario de un árbol; al reanudar la marcha lo olvidó y, cuando volvió a buscarlo, no pudo descolgarlo hasta prometer que dejaría parte de las reliquias en aquel lugar. Más allá de este episodio, es seguro que Moderano se estableció en el monasterio de Berceto, situado en esa ruta de peregrinos, cuyo gobierno le confió el rey lombardo Liutprando. Allí vivió como abad el resto de su vida, dedicado a la oración y la acogida de viajeros.
Murió hacia el año 730 en Berceto, donde se conservan sus restos en la iglesia principal del pueblo, que lleva el nombre de san Remigio y guarda la memoria del obispo bretón. Una fuente de la zona del paso de la Cisa lleva todavía su nombre, y su culto se mantiene en la diócesis de Parma.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.