
Abercio fue obispo de Hierópolis, en Frigia, en la actual Turquía, en la segunda mitad del siglo II. Es conocido sobre todo por el epitafio que él mismo compuso para su tumba, uno de los testimonios cristianos más antiguos que se conservan. En él cuenta, con un lenguaje simbólico comprensible solo para los creyentes, que a los setenta y dos años viajó a Roma y regresó por Siria y Mesopotamia hasta Nísibis, encontrando en todas partes cristianos que compartían la misma fe y se alimentaban del «pez» (símbolo de Cristo) y del vino mezclado, alusión a la Eucaristía.
Una biografía griega posterior, de carácter legendario, construyó a partir de esa inscripción un relato lleno de milagros: según ella, Abercio habría curado en Roma a una hija del emperador Marco Aurelio y recibido el título de «igual a los apóstoles», con el que lo honran las Iglesias orientales.
Durante mucho tiempo se dudó de la autenticidad del epitafio, conocido solo por esa biografía, hasta que en 1883 el arqueólogo William Ramsay halló en Frigia fragmentos de la inscripción original. Una parte se conserva hoy en los Museos Vaticanos. El texto es una fuente valiosa sobre la fe y la unidad de la Iglesia del siglo II. Su memoria se celebra el 22 de octubre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.