
Juan de Brito nació en Lisboa el 1 de marzo de 1647, en una familia noble; su padre fue gobernador en Brasil. De niño fue compañero de juegos del príncipe heredero de Portugal. A los quince años ingresó en la Compañía de Jesús y en 1673 partió como misionero a la India, a la región de Madurai, en el sur del país.
Siguiendo el método de otros jesuitas de esa misión, adoptó el modo de vida de los ascetas indios: vestía como ellos, comía solo vegetales y respetaba muchas costumbres locales, para poder anunciar el Evangelio a todas las castas. Recorrió durante años el territorio, bautizó a miles de personas y sufrió persecución, cárcel y torturas. En 1687 fue enviado a Portugal, donde el rey quiso retenerlo, pero obtuvo permiso para volver a la India en 1690.
En el reino de Maravá convirtió a un príncipe local que, al bautizarse, despidió a sus varias esposas; una de ellas era sobrina del rey, que ordenó detener al misionero. Juan de Brito fue decapitado en Oriyur el 4 de febrero de 1693. Pío XII lo canonizó en 1947. Es muy venerado en Portugal y en el sur de la India, donde Oriyur es lugar de peregrinación.
Oración
La Iglesia guarda la memoria de varios mártires misioneros de la Compañía de Jesús:
•San Juan de Brito († 4 de febrero de 1693 en la Misión del Maduré, China. Canonizado por Pío XII, en 1947)
•Beatos Rodolfo Acquaviva y cuatro compañeros († el día 25 de julio de 1583 en la India, beatificados por León XIII en 1893)
• Beatos Francisco Pachecho († el día 20 de junio de 1626)
•Carlos Spínola († el día 10 de septiembre de 1626) y 31 compañeros († en los años 1617-1632 en Japón, beatificados por Pío IX en 1867)
•Beato Santiago Berthieu († el día 8 de junio de 1896 en la Isla de Madagascar, beatificado por Pablo VI en 1965) y tres compañeros († los días 19 de junio y 20 de julio de 1900 en la Misión de China, beatificados por Pío XII en 1955).
•León Mangin, sacerdote y compañeros, mártires en la China.
Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche en su santuario; y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed; ya no los molestará el sol ni el calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos. Ap. 7, 14-17
Calendario de fiestas marianas: Nuestra Señora del Fuego
Biografía: redacción de Misa de Hoy. Oración: Evangelizo.org.