San Alejandro Bérgamo
Santo

San Alejandro Bérgamo

Se celebra el 26 de agosto

San Alejandro de Bérgamo, mártir

fecha: 26 de agosto
fecha en el calendario anterior: 22 de septiembre
†: s. III/IV - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati

En Bérgamo, en el territorio Transpadano, san Alejandro, mártir. refieren a este santo: Santos Mauricio, Exuperio, Cándido, Víctor y compañeros de la Legión Tebea, Santos Urso y Víctor

San Alejandro, mártir, soldado de la misma legión en Bérgamo en la Francia Cisalpina: habiendo confesado con la mayor constancia el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, fue por ello degollado. Se sitúa el suceso durante la gran persecución de Maximiano, cuando ya la Galia estaba gobernada por Constancio Cloro.

Perteneciente a la legión tebana, murió en un 26 de  agosto, por no querer acceder a la orden del emperador  Maximiano, de sacrificar a los dioses. La villa de Bérgamo  se atribuye la posesión de sus reliquias auténticas. 

Cada persona,  en los planes divinos, viene al mundo para hacer algo  que Dios ha determinado de antemano. Según su adaptación a  los divinos planes, así sus méritos; la gracia necesaria no  le faltará en ningún momento. Pues bien, en esa ordenación  especial de cada uno —y, por tanto, de cada Santo—,  están las diferencias personales que hacen a éste el Santo  de la pobreza, a aquél el de la obediencia; y  a todos, los Santos del amor a Dios y al  prójimo.

Era portaestandarte y oficial  de la legión africana de Tebas, que luchó en Europa.  Aprisionado por motivos que ignoramos —seguramente por su confesión cristiana—,  en Milán, es presentado al emperador, que le obliga a  sacrificar a los dioses. A su negativa, sigue la amenaza  del martirio, y a nuevas negativas, su ejecución.
El emperador dice a Alejandro:

—Si yo  te he hecho comparecer delante de mí, es únicamente para  que sacrifiques a los dioses inmortales, que tú has abandonado.  Sé, en efecto, que has renunciado al culto de los  dioses y que te has hecho cristiano.


Y, haciendo traer el  altar sagrado, cubierto con sus ricos paños propios, añade:

—Aproxímate y  sacrifica a los dioses, si quieres escapar al castigo terrible  reservado a los que los desprecian.

Alejandro le responde:

—Es proponerme un  crimen abominable, ¡oh emperador!; yo bien quiero respetarte y honrarte  como príncipe, pero no adorarte como a un dios.

Maximiano dice

—Si  no sacrificas pronunciaré contra ti sentencia de muerte.

Alejandro responde:

—Esta muerte,  con la que me amenazas, será para mí la vida  en el seno de mi Dios. Porque apenas haya abandonado  este mundo, iré a gozar de la vida verdadera y  de la posesión de este Rey lleno de justicia, que  es mi Creador y el tuyo.

La respuesta parece haber impresionado  a Maximiano, que hace al intrépido confesor de Cristo esta  propuesta:

—No pretendo obligarte a sacrificar por tu propia mano. Asóciate,  al menos, a los sacrificios ofrecidos por los demás, y  serás libre.

Entonces el emperador manda aproximar el altar y preparar  el sacrificio. Pero el prisionero, elevando los ojos a Dios,  exclama:

—¡Si pudiese llevarte al conocimiento del Dios verdadero y arrancar  de tu espíritu los pensamientos vanos! Tus amenazas, ¡oh César!,  son para mí más agradables que las promesas más seductoras,  y los tormentos que tu cólera me tiene reservados me  darán la corona inmortal...

Maximiano se irrita. Manda a sus esbirros  drogarle y obligarle a participar en el sacrificio. Alejandro es  arrastrado por la fuerza, pero una vez delante de aquel  altar, lo derriba de un puntapié. El emperador, exasperado por  tal audacia, ordena que sea ejecutado al momento el cristiano  sacrílego. Antes de ser decapitado, Alejandro, elevando los ojos al  cielo, rezará a Dios diciendo:

—Bendito seais, Creador todopoderoso, que otorgáis  los bienes eternos a aquellos que os sirven dignamente. Bienaventurado  seáis, Dios de la gloria, que anonadándoos tomando la forma  de esclavo, habéis querido, por nosotros, obedecer a vuestro Padre  hasta la muerte, y muerte de Cruz; por la que  después de haber destruido el imperio de la muerte, habéis  subido glorioso al cielo y allí nos habéis preparado un  lugar. Bendito seais, oh indulgente, que dais el arrepentimiento a  aquellos que abandonan el pecado, y que os habéis dignado  conceder una recompensa plena a los obreros de la hora  undécima. ¡Bendito seais, oh Señor, que en vuestra sabiduría habéis  apartado de mí la ignorancia de la impiedad, arrancándome del  culto a los ídolos, y me habéis admitido misericordiosamente en  el culto de los que os veneran!

 

 

Oración

                                                                                          1 Jn 5, 3-5

En ésto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo el que ha nacido de DIos vence al mundo. Y ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe; porque, ¿ quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?  

Oremos

 

Dios de poder y misericordia, que diste tu fuerza al mártir San Alejandro de Bérgamo para que pudiera resistir el dolor de su martirio, concédenos que quienes celebramos hoy el dia de su victoria, con tu protección, vivamos libres de las acechanzas del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

 


 

Fuente de la biografía: Evangelizo.org.

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