
Bonifacio de Saboya nació a comienzos del siglo XIII en la familia de los condes de Saboya, en los Alpes. Siendo joven ingresó en la Gran Cartuja, cerca de Grenoble, y aunque su vocación era la vida retirada, sus orígenes nobles lo llevaron pronto a cargos de responsabilidad: administró las diócesis de Belley y de Valence. Su sobrina Leonor de Provenza se casó con el rey Enrique III de Inglaterra, y fue por influencia de la corte inglesa por lo que en 1241 fue elegido arzobispo de Canterbury, la sede principal de Inglaterra.
Fue consagrado en 1245, durante el Concilio de Lyon. Encontró la archidiócesis muy endeudada y emprendió una severa reforma económica que le ganó enemigos. Sus visitas pastorales a otras diócesis chocaron con la resistencia de parte del clero, y los cronistas ingleses, poco amigos de los prelados extranjeros, lo juzgaron con dureza. Aun así, reconocen la limpieza de su vida y su generosidad con los pobres: saneó las finanzas, fundó un hospital en Maidstone y gozó de la confianza del rey, que le encargó misiones delicadas.
Murió el 14 de julio de 1270 en Saboya, en el castillo de Sainte-Hélène-des-Millières, durante una visita a su tierra natal, y fue sepultado en la abadía de Hautecombe, junto al lago del Bourget, panteón de su familia. El papa Gregorio XVI aprobó su culto en 1838, y se le recuerda especialmente en Saboya y entre los cartujos.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.