
Rufo y Zósimo fueron dos cristianos que acompañaron a san Ignacio de Antioquía en su viaje hacia Roma, donde el obispo sería martirizado en tiempos del emperador Trajano, a comienzos del siglo II. Según la tradición eran originarios de Antioquía o de Filipos, en Macedonia, ciudad por la que pasó Ignacio en su camino.
Lo que sabemos de ellos procede de la carta que san Policarpo, obispo de Esmirna, escribió a los cristianos de Filipos poco después de aquellos hechos. En ella Policarpo exhorta a los filipenses a la paciencia y pone como ejemplo «al bienaventurado Ignacio, a Zósimo y a Rufo», junto con otros miembros de la comunidad y con el apóstol Pablo, de quienes dice que no corrieron en vano, sino en la fe y la justicia, y que están ya en el lugar que les correspondía junto al Señor, con quien sufrieron, pues no amaron este mundo, sino a Aquel que murió y resucitó por ellos. Este testimonio, muy cercano a los acontecimientos, permite pensar que Rufo y Zósimo murieron mártires, probablemente en Roma, en la misma época que Ignacio, hacia el año 107.
El Martirologio Romano los recuerda el 17 de octubre, el mismo día que a san Ignacio de Antioquía, con cuyo martirio quedaron unidos.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.