
San Ignacio fue obispo de Antioquía de Siria, una de las primeras y más importantes comunidades cristianas, a finales del siglo I y comienzos del II. Según la tradición recogida por Eusebio de Cesarea, fue el segundo sucesor del apóstol Pedro en esa sede. Se le conoce también por el sobrenombre de Teóforo, «portador de Dios».
Durante el reinado del emperador Trajano fue detenido y conducido bajo escolta militar a Roma para morir en el anfiteatro. En el viaje, al pasar por Asia Menor, recibió a representantes de varias Iglesias y escribió siete cartas que se conservan: a los cristianos de Éfeso, Magnesia, Tralles, Filadelfia, Esmirna y Roma, y a san Policarpo, obispo de Esmirna. Son un testimonio de enorme valor sobre la Iglesia primitiva: insisten en la unidad en torno al obispo, los presbíteros y los diáconos, en la realidad de la encarnación de Cristo y en la Eucaristía, y en ellas aparece por primera vez la expresión «Iglesia católica». En la carta a los romanos les pide que no intenten impedir su martirio, y se compara con el trigo molido para convertirse en pan de Cristo.
Murió en Roma, expuesto a las fieras, hacia el año 107 o 110. Su memoria se celebra el 17 de octubre.
Oración
Oremos
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que el testimonio de los mártires sea el honor de todo el cuerpo de tu Iglesia, concédenos que el martirio de San Ignacio de Antioquía, que hoy conmemoramos, así como le mereció a él una gloria eterna, así también nos dé a nosotros valor en el combate de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Biografía: redacción de Misa de Hoy. Oración: Evangelizo.org.