
Santo Domingo, llamado el Loricato por la cota de hierro que llevaba sobre el cuerpo, fue un monje ermitaño italiano del siglo XI. Nació hacia finales del siglo X en la zona fronteriza entre las Marcas y la Umbría, aunque no se sabe con certeza el lugar exacto. Lo que se conoce de su vida procede sobre todo de san Pedro Damián, que fue su superior y amigo.
Sus padres, deseosos de asegurarle una carrera eclesiástica, obtuvieron su ordenación sacerdotal entregando un regalo al obispo, lo que constituía un pecado de simonía. Cuando Domingo lo supo, se sintió tan afectado que renunció a ejercer el sacerdocio y decidió reparar aquella falta con una vida de penitencia. Se unió a una comunidad de ermitaños en Luceoli y, hacia 1043, al eremitorio de Fonte Avellana, entonces dirigido por Pedro Damián. Allí llevó una vida de extraordinaria austeridad: vestía una especie de cota de malla de hierro que no se quitaba nunca, y practicaba disciplinas muy severas mientras rezaba el salterio completo. Estas prácticas reflejan la espiritualidad penitencial del movimiento eremítico de la época, que buscaba reformar una Iglesia afectada por la simonía.
Murió el 14 de octubre de 1060 en el eremitorio de San Vicente del Furlo, en las Marcas, que dirigía como prior. Su memoria es honrada por los camaldulenses y en la región de las Marcas.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.