
Santa Marcelina fue la hermana mayor de san Ambrosio, obispo de Milán, y una de las primeras mujeres de Roma que se consagraron públicamente a Dios en la virginidad. Nació hacia el año 330, probablemente en Tréveris, donde su padre ejercía el cargo de prefecto de las Galias. Tras la muerte de este, la familia se trasladó a Roma. Marcelina cuidó de sus hermanos menores, Sátiro y Ambrosio, y tuvo gran influencia en su formación cristiana.
En la fiesta de la Epifanía, hacia el año 353, recibió el velo de las vírgenes de manos del papa Liberio en la basílica de San Pedro. San Ambrosio recogió más tarde las palabras del papa en aquella ceremonia en su tratado Sobre las vírgenes, que dedicó precisamente a su hermana. Marcelina siguió viviendo en Roma, en la casa familiar, junto con otra mujer consagrada, dedicada a la oración, el ayuno y la caridad, en una forma de vida religiosa anterior a los monasterios organizados.
Cuando Ambrosio llegó a ser obispo de Milán, ella lo visitó con frecuencia y mantuvo con él una estrecha correspondencia; varias de las cartas del obispo están dirigidas a ella y le informan de los conflictos de su Iglesia. Sobrevivió a sus dos hermanos y murió en Roma hacia el año 398. Sus restos fueron trasladados a Milán y reposan en la basílica de San Ambrosio, junto a los de su hermano. Su memoria se celebra el 17 de julio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.