
Colmano (Koloman, en alemán) fue un peregrino de origen irlandés, o quizá escocés, que a comienzos del siglo XI se dirigía a Tierra Santa. Hacia 1012, al atravesar las tierras del margraviato de Austria, se detuvo en Stockerau, cerca de Viena. La región vivía entonces en tensión por los conflictos fronterizos con Moravia y Hungría, y aquel extranjero que no hablaba la lengua local despertó sospechas: fue tomado por espía, torturado y ahorcado de un árbol junto con dos ladrones.
Según el relato antiguo, su cuerpo permaneció colgado sin corromperse durante largo tiempo, lo que la gente interpretó como signo de que había muerto inocente, y pronto comenzaron a atribuírsele milagros. En 1014 el margrave Enrique I hizo trasladar sus restos a la abadía de Melk, a orillas del Danubio, donde todavía reposan y donde se le venera especialmente.
Su culto se difundió con rapidez por Austria, Baviera y Hungría. Fue considerado patrono de Austria hasta el siglo XVII, cuando su lugar fue ocupado por san Leopoldo. La devoción popular lo invoca como protector del ganado, de los viajeros y contra diversas enfermedades y calamidades, y en algunas regiones las jóvenes le pedían, con un antiguo verso, un buen marido. Su fiesta tradicional en Austria es el 13 de octubre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.