Santa Cilina fue una mujer noble de la Galia del siglo V, venerada sobre todo por ser la madre de san Remigio, el obispo de Reims que bautizó al rey franco Clodoveo, y de san Principio, obispo de Soissons. Vivió en la región de Laon, en el norte de la actual Francia, en los años en que el poder romano se desmoronaba y los francos se asentaban en el territorio.
Los datos sobre ella proceden de las vidas de san Remigio escritas siglos después, sobre todo la de Hincmaro de Reims, en el siglo IX. Según esa tradición, Cilina y su esposo Emilio ya eran de edad avanzada cuando un ermitaño ciego llamado Montano les anunció el nacimiento de un hijo destinado a grandes cosas, y recobró la vista tras el nacimiento del niño. Estos relatos tienen rasgos legendarios, pero muestran el lugar de honor que la Iglesia de Reims dio a la madre de su gran obispo.
No se conservan noticias fiables sobre sus últimos años ni sobre la fecha exacta de su muerte, que debió de ocurrir en el siglo V. Fue sepultada en la región de Laon, donde su culto se mantuvo vivo durante la Edad Media. Su memoria se celebra el 21 de octubre y ella, como otras madres de santos, se presenta como ejemplo de la fe vivida y transmitida en el seno de la familia.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.