Lo que se sabe de Malco procede de san Jerónimo, que lo conoció ya anciano, hacia el año 375, en Maronea, una localidad cercana a Antioquía de Siria, y escribió su historia tal como, según afirma, se la contó el propio Malco.
Había nacido en Nísibe y, siendo joven, para no tener que casarse, huyó al desierto de Calcis, donde se unió a una comunidad de monjes. Años después, contra el consejo de su abad, quiso volver a ver a su madre viuda; en el camino, la caravana con la que viajaba fue asaltada por nómadas del desierto y él fue vendido como esclavo y obligado a pastorear rebaños. Su amo quiso casarlo con otra cautiva, una mujer cristiana, y ambos acordaron vivir juntos como hermanos para guardar su consagración. Tras mucho tiempo lograron escapar, perseguidos por su amo, y al final llegaron a territorio romano. Ella vivió después entre mujeres consagradas, y Malco regresó a la vida monástica hasta su muerte.
Jerónimo escribió esta vida como elogio de la castidad y de la fidelidad a la vocación. Malco es recordado en el Martirologio romano el 21 de octubre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.