
Nicandro y Marciano fueron dos soldados cristianos del ejército romano que murieron mártires en Durostorum, la actual Silistra, a orillas del Danubio en Bulgaria, en la antigua provincia de Mesia. Vivieron a comienzos del siglo IV, durante la persecución del emperador Diocleciano, que obligaba a todos, y especialmente a los soldados, a ofrecer sacrificios a los dioses del Imperio.
Al publicarse los edictos, ambos abandonaron el servicio de las armas para no tener que participar en los ritos paganos. Su renuncia fue considerada deserción, y fueron detenidos y llevados ante el gobernador, Máximo. Las actas de su martirio, que conservan un núcleo antiguo aunque fueron reelaboradas después, relatan el interrogatorio: el gobernador los instó a sacrificar y les dio tiempo para pensarlo, pero los dos se mantuvieron firmes y declararon que no podían renegar del Dios vivo para adorar imágenes de piedra y madera. El relato destaca la figura de Daría, esposa de Nicandro, que animó a su marido a perseverar diciendo que no deseaba su muerte, sino que viviera para siempre en Dios. También la esposa de Marciano estuvo presente, aunque, según las actas, intentó disuadirlo.
Condenados a muerte, fueron decapitados hacia el año 303. Durostorum fue uno de los lugares donde más mártires hubo en aquella persecución, entre ellos varios soldados. La Iglesia los recuerda el 17 de junio como ejemplo de fidelidad a la conciencia frente a la presión del poder.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.