
Medardo nació hacia finales del siglo V en Salency, en Picardía, hijo de un noble franco y de una madre galorromana. Fue ordenado sacerdote y, por su prestigio como predicador, elegido obispo de Vermandois, con sede en la actual Saint-Quentin. Durante su episcopado trasladó la sede a Noyon, una ciudad mejor protegida, y trabajó intensamente en la evangelización de una población en gran parte todavía pagana o recién convertida.
Un episodio bien documentado de su vida es la consagración como diaconisa de santa Radegunda, la reina que abandonó la corte de su esposo Clotario I para entregarse a Dios. Medardo murió muy anciano, a mediados del siglo VI, y el propio rey Clotario hizo trasladar su cuerpo a Soissons, donde se levantó en su honor la abadía de San Medardo, que llegó a ser uno de los grandes monasterios de la Galia franca.
Su culto se difundió muy pronto por el norte de Francia, Bélgica y Alemania. Las tradiciones populares lo convirtieron en protector de agricultores y viñateros, y en Francia se asocia su fiesta con refranes sobre la lluvia: según uno muy conocido, si llueve el día de san Medardo lloverá durante cuarenta días. También se le invoca contra el dolor de muelas. Muchas iglesias y localidades de Francia llevan su nombre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.