San Maximino es venerado como el primer obispo de Aix-en-Provence, en el sur de Francia, y como el hombre que llevó allí el Evangelio. Sin embargo, de su vida real casi nada se sabe con certeza: no figura en los documentos antiguos de la Iglesia de la Galia y los historiadores no han podido precisar siquiera el siglo en que vivió.
Todo lo que se cuenta de él procede de las tradiciones provenzales, que tomaron forma hacia el siglo XI. Según ellas, Maximino fue uno de los setenta y dos discípulos de Jesús y, después de la Ascensión, llegó por mar a las costas de Provenza junto con María Magdalena, Marta, Lázaro y otras personas que habían conocido al Señor. Él se habría quedado en Aix como pastor de la comunidad naciente y, según el mismo relato, habría dado la última comunión a María Magdalena cuando esta, tras años de penitencia en la gruta de la Sainte-Baume, se acercaba a la muerte.
Esa tradición explica el nombre y la fama de Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, donde se levanta una gran basílica gótica que guarda en su cripta sarcófagos antiguos y unas reliquias atribuidas a la Magdalena, meta de peregrinos desde la Edad Media. Aix-en-Provence lo tiene por patrono principal, y su memoria se celebra el 8 de junio. Aunque los datos históricos sean escasos, su figura recuerda el arraigo muy antiguo del cristianismo en Provenza.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.