San Felices, también llamado Félix, fue un ermitaño que vivió en los siglos V y VI en los riscos de Bilibio, junto al río Ebro, cerca de la actual ciudad de Haro, en La Rioja (España). Su figura es conocida sobre todo por la biografía de san Millán escrita en el siglo VII por san Braulio, obispo de Zaragoza, que lo presenta como un hombre de gran santidad al que el joven Millán acudió para aprender la vida eremítica.
Según ese relato, Millán, que había sido pastor, buscó a Felices en su retiro y permaneció un tiempo bajo su guía antes de marcharse a los montes de la Cogolla, donde llevaría la vida solitaria que dio origen al culto y a los monasterios de San Millán. Felices habría muerto en Bilibio, donde fue sepultado, y su tumba fue durante siglos un lugar de devoción local.
A finales del siglo XI sus restos fueron trasladados al monasterio de San Millán de Yuso, con autorización del rey Alfonso VI, y allí se conservan. La tradición riojana guarda varios relatos sobre aquel traslado y los intentos anteriores de llevarse el cuerpo. San Felices es patrono de Haro, y en los riscos de Bilibio se alza una ermita dedicada a él, meta de romerías populares de la ciudad.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.