Cesáreo fue un médico cristiano del siglo IV, hermano menor de san Gregorio Nacianceno, uno de los grandes Padres de la Iglesia, e hijo de san Gregorio el Viejo, obispo de Nacianzo, en Capadocia, en el centro de la actual Turquía. Su madre, santa Nona, y su hermana, santa Gorgonia, también son veneradas como santas, lo que hace de la suya una de las familias más notables del cristianismo antiguo.
Estudió en Alejandría, donde destacó en filosofía, matemáticas y sobre todo en medicina, y completó su formación en Constantinopla, donde alcanzó gran prestigio. Fue médico de la corte imperial. Cuando el emperador Juliano, llamado el Apóstata, intentó restaurar el paganismo, quiso retenerlo a su servicio y convencerlo de abandonar la fe, pero Cesáreo se mantuvo firme y, por consejo de su familia, dejó la corte. Más tarde sirvió a otros emperadores y llegó a ocupar un cargo de administración de la hacienda imperial en Bitinia.
En el año 368 sobrevivió a un terremoto en Nicea, experiencia que lo llevó a recibir el bautismo, pues hasta entonces había permanecido como catecúmeno, algo frecuente en la época, y a plantearse una vida más entregada a Dios. Murió poco después, hacia el 369, dejando sus bienes a los pobres. La principal fuente sobre su vida es la oración fúnebre que pronunció su hermano Gregorio. Las Iglesias orientales lo celebran el 9 de marzo y el Martirologio Romano el 25 de febrero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.