
San Bretanión fue obispo de Tomis, la actual Constanza, en Rumanía, en la segunda mitad del siglo IV. La ciudad era entonces la capital de la provincia romana de Escitia Menor, a orillas del mar Negro, en una frontera expuesta a los ataques de los pueblos godos. Su nombre aparece escrito de varias formas, como Vetranión o Bretanio.
Lo que se sabe de él procede sobre todo del historiador Sozómeno, que escribió menos de un siglo después. Cuenta que el emperador Valente, partidario del arrianismo, la doctrina que negaba la plena divinidad de Cristo, visitó Tomis y reunió a los fieles en la iglesia para convencerlos de abandonar la fe definida en el concilio de Nicea. Bretanión se le opuso con firmeza y en público, y el emperador decidió desterrarlo. Sin embargo, la reacción del pueblo, que defendió a su obispo, hizo que Valente, temiendo disturbios en una región fronteriza tan delicada, lo dejara volver a su sede poco después.
No se conocen con certeza la fecha ni las circunstancias de su muerte, que suele situarse entre los años 371 y 381. Se le ha atribuido la carta que la Iglesia de Escitia envió a Capadocia con el relato del martirio de san Sabas el Godo, aunque no es seguro. Se le recuerda el 25 de enero como defensor de la fe nicena en uno de los extremos del Imperio romano.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.